Que el Señor dé una merecida recompensa a quienes me han amado y seguirán rezando por mí. El sufrimiento que se hizo presente en la última parte de mi vida lo ofrecí al Señor por la paz mundial y la fraternidad entre los pueblos.

Del testamento del Papa Francisco

Con profundo dolor, pero iluminadas por la alegría del Resucitado, las Hijas de la Caridad recibimos la noticia del llamado a la casa del Padre de nuestro querido Papa Francisco en este Lunes de Pascua. Su partida nos invita a dar gracias por su vida y a renovar nuestro compromiso con los más necesitados.

Un pastor de los descartados

Desde el inicio de su pontificado, Francisco no solo ha sido para nosotras el sucesor de Pedro, sino una voz profética que ha puesto a los pobres en el centro de la Iglesia. Con su deseo de una “Iglesia pobre para los pobres”, rompía esquemas lavando los pies de los presos, en la acogida de refugiados o en la atención a las personas sin hogar en Roma. Su vida, impregnada de sencillez, fue un testimonio vivo del Evangelio.

Una Iglesia “en salida” y hacia “las periferias”

Con valentía y autenticidad, transmitió en todo momento su preferencia por “una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades” (EG 49), que no tuviera miedo por arriesgar a la hora de encarnar y hacer vivo el Evangelio. La atención a los pobres, migrantes, enfermos y ancianos; su continúa denuncia a la cultura del descarte y la defensa de la dignidad humana, y su preocupación por dar la respuesta de la Iglesia a los problemas y sufrimientos del mundo, nos marcan el rumbo a la hora de seguir anunciando y llevando el amor de Cristo a cada persona.

Un padre cercano con nuestra misión

Como Hijas de la Caridad, nos hemos sentido respaldadas por el Papa en nuestra misión, especialmente en momentos clave como la Asamblea General de 2021 y en el reciente encuentro de la Familia Vicenciana en Roma. Su llamada a ser “madres y hermanas de los pobres” nos impulsa a seguir respondiendo con generosidad a las pobrezas de nuestro tiempo, a través de la belleza de nuestra vocación.

Un legado que nos compromete

Nos unimos en oración a todo el Pueblo de Dios por el alma del Papa, agradecidas por todas sus enseñanzas y liderazgo y confiadas al Espíritu Santo, pero comprometidas con la llamada a seguir siendo “hospital de campaña” para los más necesitados. 

Que el Resucitado acoja entre sus brazos al Papa de la Misericordia y de los pobres.