Un jubileo que unió corazones de todo el mundo

Papa León XIV

Agosto, 2025 (Roma)

«Queridos jóvenes aspiren a cosas grandes».

Del 28 de julio al 3 de agosto vivimos en Roma la gran fiesta del jubileo de los jóvenes. Una experiencia de Iglesia viva, comprometida y alegre.

Encuentro vicenciano

Jóvenes que llegaron de distintos lugares del mundo unidos en un mismo carisma. Hubo testimonio, celebración, música, concierto-oración y como regalo, la presencia de Sor Françoise Petit, Superiora General de las Hijas de la Caridad, quien compartió su testimonio vocacional invitando a los jóvenes a dar respuesta a las preguntas que Dios les hace:

“Él os hace señas, teniendo en cuenta vuestros deseos y vuestra personalidad, para mostraros la dirección del camino de la fraternidad y la esperanza. Dios se dirige a vosotros con gran respeto, pero también os hace preguntas».

¿Dónde os quiere?

¿Cómo puede convertirse más en vuestro compañero de camino?

¿Cómo podéis llegar a Él en vuestros hermanos y hermanas más pobres?

¿Cómo podéis hacer de vuestra vida una peregrinación de esperanza, la esperanza que no pasa y que se comparte con los que la quieren?

¡Dios os espera con los brazos abiertos!

Encuentro de Españoles

Más de 25.000 jóvenes españoles se reunieron en la plaza de San Pedro en Roma para celebrar juntos el jubileo. Fue una experiencia intensa de vocación, reconciliación y fe compartida, que culminó con la eucaristía presidida por el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Monseñor Luis Argüello, quien alentó a los jóvenes a dar testimonio público:

“Seamos confesores de la fe en la plaza pública”.

Al concluir, los invitó a renovar su envío misionero con un grito unánime que estremeció la Plaza:

¡Jesús es el Señor!

¡Somos la Iglesia!

¡Queremos la paz en el mundo!

¡Haznos, Señor, instrumentos de tu paz!

El Encuentro de los españoles fue solo un peldaño del jubileo, que continuó con la vigilia y la misa con el Papa León XIV en Tor Vergata.

Vigilia de oración en Tor Vergata

La explanada de Tor Vergata, a las afueras de Roma, acogió a un millón de jóvenes provenientes de todo el mundo para orar juntos y encontrarse con el sucesor de Pedro.

Me gustaría invitar a cada uno de ustedes a decirle al Señor:

“Gracias, Jesús, por llamarme. Mi deseo es seguir siendo uno de tus amigos, para que, abrazándote, yo también pueda ser un compañero de todos los que encuentre en el camino. Concédeme, Señor, que aquellos que me encuentren puedan encontrarte a ti, incluso a través de mis limitaciones y debilidades”.

Al rezar con estas palabras, nuestro diálogo continuará cada vez que miremos al Señor crucificado, porque nuestros corazones estarán unidos en Él. Cada vez que adoremos a Cristo en la Eucaristía, nuestros corazones se unirán en Él. Por último, mi oración por ustedes es que perseveren en la fe, con gozo y valentía. Y podemos decir: “Gracias Jesús por amarnos”. “Gracias Jesús por habernos llamado”. “Quédate con nosotros Señor”.

Eucaristía del domingo

A las 9 de la mañana tuvo lugar la celebración eucarística en la que el Papa se dirigió de nuevo a los jóvenes:

“Durante los días pasados ustedes han tenido muchas experiencias hermosas. Se han encontrado entre coetáneos provenientes de diferentes partes del mundo, pertenecientes a culturas distintas. Han intercambiado conocimientos, han compartido expectativas, han dialogado con la ciudad a través del arte, la música, la informática y el deporte. Después, en el Circo Máximo, acercándose al Sacramento de la Penitencia, han recibido el perdón de Dios y le han pedido su ayuda para una vida buena”.

“Queridos jóvenes aspiren a cosas grandes, a la santidad, allí donde estén. No se conformen con menos. Entonces verán crecer cada día la luz del evangelio, en ustedes mismos y a su alrededor”.